En todo el mundo, los activistas de los derechos sobre la tierra están sometidos a una creciente presión por parte de los Gobiernos y de los agentes económicos. Esta presión ha llevado a veces hasta el asesinato. Todo esto está ocurriendo en un contexto de absoluta indiferencia y de impunidad generalizada. Hoy más que nunca los defensores y defensoras de los derechos sobre la tierra necesitan nuestra protección ¡Necesitan nuestro apoyo!
“¡ No tenemos miedo !”
Defensores y defensoras de los derechos sobre la tierra, las nuevas víctimas del desarrollo irresponsable.
Una tierra y unos seres humanos bajo presión
Protesta campesina contra el proyecto de una mina de cubre ante la colina de Letpadaung, durante una visita a Birmania de la líder prodemocracia Aung San Suu Kyi en el municipio de Sarlingyi, el 13 de marzo de 2013.
Birmania, 2013 ©REUTERS/Soe Zeya TunUna tierra y unos seres humanos bajo presión
Hoy, todo se vende y todo se compra. Los bosques, las montañas, los ríos.
Hoy, todo se vende y todo se compra. Los bosques, las montañas, los ríos. Estas transacciones tienen unas consecuencias terribles sobre la tierra, y el ser humano es su primera víctima. En todos los continentes, hombres y mujeres luchan para que su tierra, su identidad y su modo de vida, no desaparezcan, y algunos pagan este compromiso con su vida. No se oponen al desarrollo en sí mismo, sino a una forma de desarrollo "irresponsable", caracterizado por decisiones salvajes, que toman empresas ávidas de beneficios y gobiernos a menudo corruptos.
Los defensores y defensoras de los derechos sobre la tierra viven a menudo en regiones apartadas, lejos de las instituciones y de los medios de comunicación, allí donde, precisamente, es posible comprar bosques, montañas y ríos. Y hoy, cuando la presión sobre la tierra se vuelve insostenible, la represión de su compromiso alcanza su punto máximo. Amenazas, acoso, detenciones arbitrarias, agresiones, asesinatos: los defensores y defensoras de los derechos de la tierra son los activistas de los derechos humanos que más sufren la represión…
Personas que incomodan
La policia carga a residentes del barrio de Borei Keila en febrero de 2014 en Phnom Penh.
Camboya, 2014 ©Getty Images/AFPPersonas que incomodan
Los defensores y defensoras de los derechos sobre la tierra forman parte por lo general de una comunidad rural directamente afectada por un proyecto de explotación de terrenos.
Los defensores y defensoras de los derechos sobre la tierra forman parte por lo general de una comunidad rural directamente afectada por un proyecto de explotación de terrenos. Su combate, es, por tanto, vital. Se movilizan para no verse obligados a abandonar un territorio en el que se basan su existencia y su modo de vida o, cuando su marcha es inevitable, para recibir las indemnizaciones que les son debidas y para que se les realoje en condiciones dignas. Para los pueblos indígenas, estas situaciones son dramáticas debido a que mantienen vínculos personales y culturales especialmente fuertes con sus tierras ancestrales.
En su lucha pacífica, los defensores y defensoras de los derechos sobre la tierra recuerdan a los Estados su obligación de respetar el derecho nacional e internacional, y, especialmente, el derecho a la alimentación, al agua, el derecho a un nivel de vida adecuado, los derechos de los pueblos indígenas, etc. Este trabajo de movilización puede adquirir diferentes formas y pasar por etapas distintas. En un primer momento, antes del desarrollo de cualquier proyecto que pueda ser considerado como poco respetuoso del derecho, los defensores y defensoras informan, alertan e intentan convencer a las autoridades para que inicien la vía de la negociación.
Si no se les escucha, si no se tienen en cuenta sus temores, los defensores y defensoras pasan a organizar manifestaciones para reivindicar sus derechos y llamar la atención de la comunidad internacional. Estas manifestaciones pueden ser a veces reprimidas violentamente, ya que por lo general los Estados y quienes explotan los recursos tienen solo un temor: que los proyectos se vean ralentizados e incluso detenidos, con las consiguientes pérdidas financieras tanto para las empresas como para el Estado. Algunos actores consideran entonces que todos los medios están permitidos para no llegar hasta este punto, incluso el recurso a la violencia.
“ Quisieron hacerme callar y me condenaron a tres años de cárcel ”
Yorm Bopha, Camboya
Un compromiso violentamente reprimido
Manifestación contra el proyecto minero de Tambor reprimido en la sangre, en mayo de 2014.
Guatemala, 2014 ©REUTERS/Jorge Dan LopezUn compromiso violentamente reprimido
112 agresiones o amenazas de agresión física
El aislamiento de los defensores y defensoras de los derechos sobre la tierra que a menudo viven en regiones remotas, apartados de los agentes de influencia, facilita que se cometan actos violentos contra ellos. Una violencia acorde a las faraónicas cantidades de dinero en juego y que en estos últimos años ha alcanzado unas dimensiones trágicas.
Los agresores –policías, militares, miembros de la seguridad privada de las empresas, "mercenarios"– atacan por lo general a las personas que lideran los movimientos de protesta, con el único objetivo de hacerlos callar.
Entre 2011 y 2014 el Observatorio registró 112 agresiones o amenazas de agresión física contra los defensores y defensoras de los derechos sobre la tierra
En Bangladesh, Shahed Kayes, consejero del Comité de Prevención contra la Extracción Ilegal de Arena fue atacado físicamente por unas cuarenta personas el 2 de julio de 2013. Uno de sus agresores le dijo: Hemos perdido mucho dinero por culpa de tu movimiento. Nuestro error ha sido no haberte matado antes, pero esta vez lo vamos a hacer. Te vamos a cortar las venas, te ataremos las manos y te echaremos al río.
Shahed Kayes presentó una denuncia, pero hasta la fecha no se ha iniciado ninguna investigación.
En Libéria, Alfred Brownell, presidente de la ONG Green Advocates fue amenazado por el personal de una plantación de aceite de palma, que estaba visitando en compañía de representantes de la plantación y de un grupo de expertos. Mi patrón beberá en tu cráneo y nosotros nos comeremos tu corazón.
43 asesinatos
De acuerdo a la información presentada en el Informe del Observatorio, 43 asesinatos fueron cometidos en contra de defensores de los derechos sobre la tierra. Este terrible número es sin embargo solo una pequeña muestra de la realidad. Asia y América Latina son los continentes más afectados y donde los casos de represión son más conocidos.
En México, Héctor Regalado Jiménez, miembro de la Asamblea Popular del Pueblo de Juchiteco, fue asesinado el 21 de julio de 2013. Él y su organización llevaban semanas manifestándose contra la construcción de plantas eólicas en sus tierras.
En Honduras, Antonio Trejo Cabrera, el abogado de una ONG que militaba por la restitución de tierras a las comunidades del Bajo Aguán, fue asesinado el 22 de septiembre de 2012. Su hermano, que se había manifestado públicamente para pedir la apertura de una investigación, fue asesinado al año siguiente.
123 défenseurs des droits à la terre ont été harcelés sur le plan judiciaire
Además de la violencia, muchos Estados también utilizan el acoso judicial y la detención arbitraria para intimidar a los defensores y defensoras. Utilizando como pretexto leyes liberticidas, los Estados ponen tras las rejas a cualquier persona que consideren molesta. "Propaganda engañosa", "atentado contra la seguridad del estado", "alteración del orden público", no faltan acusaciones abusivas que pueden conllevar largas penas de cárcel.
Desde enero de 2011, el Observatorio ha documentado 32 casos de acoso judicial contra 123 defensores y defensoras de los derechos sobre la tierra.
En Vietnam, muchos blogueros y blogueras que trabajan en relación a la problemática vinculada con la confiscación de tierras han sido detenidos en virtud al artículo 88 por "propaganda contra la República Socialista de Vietnam".
En Indonésie, Anwar Sadat y Dede Chaniago, responsables de la ONG Foro Indonesio para el Medio Ambiente (WALHI), sufrieron una paliza y fueron detenidos por agentes policiales durante una manifestación pacífica, organizada en enero de 2013 para reclamar la restitución de tierras confiscadas en el sur de Sumatra. Después fueron condenados, tras interponer un recurso de apelación, a más de cinco meses de prisión firme por "haber organizado un acto de provocación".